URIEL Flores Aguayo
Tengo la impresión que la política dominante y generalizada en Veracruz, sin distingos de colores partidistas y cargos públicos, se inclina más al pragmatismo. Es obvia la ausencia de debate programático de altura y el reiterado recurso de la descalificación en el ambiente político local. Los líderes de partidos están casi ausentes en la deliberación pública. Paradójicamente no hacen propiamente política, en el sentido de ocuparse de los diagnósticos, las visiones, las ideas y los proyectos de gobierno. Se han ido consumiendo en el auto consumo y la vida interna burocrática. Aparecen en fechas cercanas a las elecciones únicamente para pedir votos y nunca vuelven, con algunas excepciones. Es un inmenso derroche de recursos económicos y falta democrática no cumplir con el rol básico que les asignan la historia, la constitución, las leyes y la sociedad. De lo que debieran ser escuelas de la democracia se han disminuido a menbretes y pequeños aparatos burocráticos. La ciudadanía está lejos y ajena a los asuntos políticos por acción u omisión de quienes debieran ser los primeros interesados en el involucramiento de la gente. Al final, les conviene ese estado de cosas para no persuadir, explicar y convocar. Más allá de la correlación de fuerzas entre los partidos sigue siendo indispensable que se preparen y estén en condiciones de hacer bien sus tareas. La pobreza intelectual y niveles ínfimos de cultura en general produce políticos menores y prescindibles, que hacen una política menor. No planteo utopías ni desconozco la realidad. Soy realista. En lo que es posible sin duda está la formación basada en teoría, la ciencia y programas. La práctica sin teoría es la entrada al más puro oportunismo y a las ocurrencias. El diálogo, la tolerancia y los argumentos únicamente pueden provenir del estudio y el compromiso democrático. Está bien que en lugares como Xalapa todo mundo quiera ser político, pero deberían pasar por un proceso selectivo que implique buenos ejemplos y prácticas sanas. Hay una notable tendencia a envolver de cierto heroísmo, en algunos casos más bien misticismo, lo que es una sencilla actividad política o gubernamental. Así vemos que el que reparte programas sociales dice que ama al pueblo, cuando solo está cumpliendo con un trabajo donde maneja recursos públicos. Es importante que no pierdan la noción de que son servidores públicos; con esa guía no perderán el rumbo. Por convicción o no también es didáctico y comprometido que estén en contacto directo con la ciudadanía. Reitero: más allá de las posiciones que ocupen los partidos y los políticos en general no deben omitir sus responsabilidades y la indispensable formación política. A las nuevas generaciones de políticos, en el lugar que ocupen, debe mostrárseles la historia de la evolución democrática de México y Veracruz, darles contexto comparativo con el mundo y ponerles en frente las ideas principales de los proyectos de gobierno que sostengan las formaciones donde decidieron estar. Hay que recuperar la militancia, la vida orgánica, el debate y la formación política. Sin eso solo tendremos cascarones, líderes de papel, burocracias ociosas, indigencias culturales y una inútil clase política. Transformar es hacer algo nuevo.
Recadito: interesante y justa la paridad en las agencias municipales.