Quetzalli Carolina Vázquez
LA AMBICIÓN QUE PRETENDE ACABAR CON EL PRESTIGIO.
Durante años, el Club Britania Xalapa pasó inadvertido para muchos de sus socios; arrastraba déficits, problemas financieros y poco interés real por disputarlo; hoy, la historia cambió y surgió el interés de algunos.
Eso explica lo que ocurrió el sábado en el Britania Animas, porque el fondo del conflicto no es la legalidad de una asamblea —esa ya quedó acreditada—, ni el aumento de cuotas —facultad clara del Consejo—. El fondo es otro: el control de un club que, por primera vez en casi una década, tiene finanzas sanas.
El actual Consejo de Administración, presidido por Gerardo Rafael Garza Dávila, hizo en un año lo que otros no lograron en casi una década: rescatar financieramente al Club, recibieron un déficit superior a 4.8 millones de pesos y lograron sanear las finanzas, eliminar adeudos, generar utilidades y mantener flujo en caja.
En la tesorería, el manejo ha estado a cargo de Ernesto Canseco, excatedrático de la UV, con una trayectoria académica y profesional honesta y reconocida, lo que hace entendible el orden financiero y control administrativo.
¿Por qué antes no y ahora sí interesa el Britania? La respuesta es simple: Porque ahora sí hay dinero en caja.
Del Club Britania, ese a donde acuden las familias de renombre, las más importantes económica y políticamente hablando, se podría imaginar que es un lugar donde la civilidad, el diálogo y los acuerdos prevalecen, donde damas y caballeros se comportan con educación y respeto, pero lo que ocurrió el sábado en la asamblea ordinaria fue todo lo contrario y no le pidió nada a una reunión de colonia popular donde los vecinos se disputan el puesto de jefe de manzana.
La operación encabezada por Marcos Salas y secundada por Jhony Archer, Ángel Lara Platas, Héctor Garza y un par de “damas”, respaldada además por Fernando López fue vergonzosa, pero tenía un objetivo claro: reventar la asamblea legal y generar condiciones para imponer otra, pero no lo consiguieron.
La asamblea válida y legal lanzó convocatoria formal, realizó registro de socios, tuvo un quórum real de 197 asistentes, contó con fedatario público, entregó los estados financieros, inició, concluyó y los socios se retiraron del lugar.
Al percatarse Marcos Salas de que su intentona falló, se le ocurrió hacer una asamblea patito y además, retener a la notaria que dió fe de la asamblea real, exigiéndole que certificara también la otra asamblea que se desarrolló sin padrón validado, sin control de asistencia, con cifras infladas y cambiantes y con participación de no socios.
En esa asamblea patito, la votación fue igual de irregular: se pedía levantar la mano “a favor”, pero nunca se contaron los votos en contra ni las abstenciones; aun así, todo “se aprobaba por unanimidad”, aunque en los videos y fotografías se visualice una información diferente, es decir, se trató de una simulación.
Analicemos a los protagonistas del escándalo, quienes acompañaron y apoyaron el caos organizado por Marcos Salas, empecemos por Jhony Archer, porque su caso es particularmente delicado, no solo porque no tenía derecho a participar en la asamblea por no estar al corriente en sus cuotas —lo que ya limita sus derechos de acuerdo a los estatutos—, sino porque tiene un antecedente grave.
Según informan los socios del club, Archer fue sancionado por acoso sexual contra una empleada del club y ahí el reglamento es claro: atentar contra la dignidad de una persona es causal de sanción y hasta de expulsión, pero, aun así, ingresó a la asamblea y fue protagonista del intento de imposición, gritó y asumió, al igual que otros, una actitud porril.
Otro de los personajes es Ángel Lara Platas, exfuncionario municipal menor con aspiraciones políticas frustradas que, como Salas, también buscaba encabezar el consejo, pero no lo logró y acompañando a los “caballeros” inconformes, Héctor Garza, el que se ostenta como arquitecto, pero no se encontró registro de cédula profesional en la base de datos de la SEV.
En un papel secundario, Fernando López, quien —de acuerdo con lo observado en la asamblea— participó en la operación jurídica del grupo w incluso frenó la intención de Salas y su grupo de tomar las instalaciones del Club.
Fernando López, aparece mencionado en el Diario de los Debates de 1996, en plena revisión del desastre financiero de CONASUPO; formando parte de un entorno donde el manejo de recursos públicos no fue claro sino dudoso.
Curiosamente, como suele pasar, esos perfiles que transitan sin reflector son los que mejor saben moverse cuando el dinero vuelve a aparecer; cosas de la memoria y de las coincidencias que nunca son tan casuales.
Ellos son algunos de los personajes que respaldan a Salas, perfiles que, lejos de fortalecer, debilitan cualquier intento de legitimidad.
Sobre el principal protagonista, Marcos Salas, se puede decir que ha sido calificado como un legislador caro e improductivo, señalado por presuntas irregularidades en el ámbito constructor, por supuestos intentos de compra de candidaturas, y por la constante de organizar conflictos en espacios donde hay recursos económicos disponibles como lo hizo en la CEMIC y ahora en el Britania justo cuando dejó de ser un problema y se convirtió en una oportunidad.
Ahora analicemos el argumento del grupo “inconforme”, que es la aplicación de una cuota extraordinaria que ellos califican de “ilegal”; aún cuando el estatuto (Artículo 3) faculta al Consejo para fijarlas, con lo que se puede sostener que es falso que ese sea el problema. La realidad se apega más al hecho de que el club pasó de números rojos a negros y Marcos Salas ahora lo ve como un botín.
Pero lo más grave no es jurídico, sino lo simbólico; un club que presume tradición terminó convertido en escenario de gritos, presión y prácticas que recuerdan más a un mitin que a una asamblea y, mientras unos intentaban tomar el control, otros —la mayoría— optaron por retirarse dando muestra de civilidad, respeto y educación.
Ahora, vayamos al reglamento interno del Club: el Capítulo VI obliga a los socios a mantener una conducta intachable y a preservar el prestigio institucional; el Artículo 72 establece la suspensión definitiva por conductas graves u ofensivas, así como por adeudos de dos o más cuotas y, si ese reglamento se cumple, varios socios terminarán expulsados.
Hoy el Britania no está en crisis financiera, está en riesgo institucional y el Consejo tiene la última palabra: aplicar el reglamento y sancionar o permitir que el escándalo se convierta en método, porque si algo dejó claro el sábado es esto: no todos quieren al club por lo que representa, algunos lo quieren por lo que pueden sacar de él, porque cuando hay dinero en caja, hay quienes están dispuestos a todo por controlarlo.
Comentarios y denuncias
WhatsApp 228 496 6621