LA MAGIA DEL FUTBOL

Uriel Flores Aguayo

Después de aprender a caminar lo siguiente que hace un niño es patear un balón de futbol; muchas veces también lo hacen las niñas. Ahí inicia una vida que nos vincula con el juego de pelota; se desarrollan otras opciones( baloncesto y voleibol) que serán minoritarias en adelante. El futbol da identidad y se vuelve fiesta. Los equipos profesionales son adoptados en nombre, color y juego; suscitan todas las emociones imaginables, con lágrimas de felicidad o de tristeza. Tratándose de la selección mexicana ya hablamos de un fenómeno diferente, especial y nacional; sus resultados inciden en el ánimo social. Es así en todo el mundo. Son los colores de México en explosión sentimental y emotiva. La Copa Mundial es fiesta, tensión y deseo. Casi todo pasa a segundo plano. Niños, jóvenes y mayores desean fervientemente que nuestro equipo gane. Es algo mágico. En estos días hemos visto estampas que expresan actos de seguidores y gestos de ternura sublime. Para los que gustan del futbol esta es la gran fiesta. Respetando la dolorosa y valiente lucha de las madres buscadoras, cuya causa merece mayor solidaridad, otras movilizaciones toparon con la realidad de la copa; desafiarla no era prudente, estaban condenadas al fracaso. Son días de futbol, de alegría. Ese juego es más que un balón. Influye en las sociedades todas, reduce los delitos, reactiva la economía, une y produce orgullo en la sociedad. Las nuevas generaciones están de plácemes, viven su primer o segundo mundial, ven a sus ídolos jugar y siguen los resultados. Esto es una maravilla que irá subiendo de intensidad en la medida que nuestra selección avance y se coloquen en los primeros lugares otras selecciones de segunda opción.
Me intriga la capacidad logística de la FIFA, organizando la copa en tres países, movilizando selecciones en diversas sedes y llenando los estadios. Es una proeza. Supongo que esas dimensiones organizativas explican un poco los precios de los boletos; sin embargo se cuenta con pantallas gigantes y las televisiones caseras como alternativas concretas y viables.
Hablé de los niños y el balón de futbol como actividad física casi desde la cuna, y más bien en sus primeros pasos. Después juega en el barrio y la escuela,puede jugar solo, se adhiere a algún equipo, va a los estadios y lugares de transmisión de juegos, porta la camiseta preferida y apoya a la selección. Es más mexicano en la copa que el 15 de septiembre, pero lo es: canta el himno, porta la bandera y se viste con los colores nacionales. Es impresionante. Se equivoca quien piense que estamos ante un proceso enajenado, por mucho que haya manejos
de mercadotecnia. La exaltación puede derivar en relativo fanatismo, aislado y apenas perceptible. No se debe confundir enajenación y fanatismo con pasión, comunidad y alegrías. Esto es el futbol: la familia reunida, los amigos conviviendo y las plazas congregadas para corear nombres, acciones y goles. A mí me encanta la copa y más que haya juegos en México, es una experiencia de otro nivel.
Recadito: la narrativa en curso contra la Alcaldesa es algo artificial e interesada. Fuera máscaras.