TEXTO IRREVERENTE

Andrés Timoteo

Aquí limpio, ya sin cortes:

[EFECTO LAZARUS]

Su final es casi un poema negro: murió a bordo de un carro de lujo y solo. Lo hizo cuando ya era un acaudalado -¿rico deprimido?- y tenía resuelta su vida financiera. Zenyazen Escobar terminó su vida siendo todo lo que fustigó como activista: un político mañoso, enriquecido del erario, con negocios turbios y una vida personal licenciosa.

Vaya, lo contrario a lo imaginado pues hace poco más de una década -por allá del 2015- todavía andaba en las calles gritando a favor de los maestros, criticando la opulenta clase política y vistiendo camisas raídas con la imagen impresa del Che Guevara.

Y no, no terminó su vida por mano propia. Eso del suicidio que intenta sembrar el gobierno nahlista es una maniobra burda para cerrar la pesquisa sin profundizarla. ¿Cómo es que alguien que se pega un balazo en la sien todavía acomode el arma entre sus piernas?

Es patética la hipótesis deslizada por el secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, a pocas horas del suceso y cuando ni siquiera había concluido el procesamiento pericial de la escena del crimen. Al hidalguense se le podría creer solo si el finado hubiera presentado el llamado «Efecto Lazarus» o sea que reviviera para colocar la pistola donde la encontraron.

El «Efecto Lazarus» existe científicamente y se llama así en alusión a Lázaro de Betania quien fue resucitado por Jesús. Esta condición médica se presenta tras diagnosticar la muerte clínica o suspender las maniobras de reanimación cardiopulmonar pero suele durar unos segundos o minutos antes de que se produzca el deceso definitivo.

Además, la mecánica forense contradice la fantasiosa teoría de Ahued. Es imposible que un arma usada para dispararse en la sien caiga justo en el centro del cuerpo y con el cañón hacia abajo. No hay posibilidad dentro de la ingeniería criminológica.

Si el gobierno mantiene la línea del suicidio a contracorriente de las pruebas periciales será para manipular el veredicto. Esto ya hasta se parece a aquello de «que se murió de un infarto, les guste o no», ¿se acuerdan?

En fin, el hecho es que el rioblanquense murió trágicamente, pero el impacto estatal y federal es más por el cargo que ostentaba y no por su tamaño político. El escándalo es porque era diputado federal y exfuncionario del anterior gobierno estatal. Paren de contar.

Lo que sí es que abona a la percepción de inseguridad bajo el nahlismo que ya lleva dos legisladores federales caídos. El sexenio inició con la ‘ejecución’ del diputado federal por Zongolica, Benito Aguas, en diciembre del 2024. Ya son dos al hilo, aunque ni el primero ni el segundo alteró o alterará el ajedrez político-electoral pues ambos diputados eran actores menores.

NO CAMBIA NADA

Escobar fue un expoliador del erario. Sí, robó y mucho. Se enriqueció, pero ser un ladrón eficiente no es sinónimo de ser un operador brillante ni indispensable para el régimen ni capaz de inclinar la balanza en la coyuntura electoral.

El finado estaba al mismo nivel de otros tunantes como Juan Gómez Cazarín, Eleazar Guerrero o Sergio Rodríguez Cortés: buenos para el billete (ajeno) y chafas para la operación e inteligencia políticas. Lo que han logrado estos tipos es robando, amenazando o traficando influencias, no por ser virtuosos en las artes político-electorales.

Por eso ni se tambalea ni cambia el panorama electoral con la ausencia de Escobar. No les crean a los limitados que escriben sin rigurosidad analítica ni a los que lagrimean y hasta piden declarar luto estatal.

Algo cierto es que la gobernante en turno no ordenó su eliminación, no tenía necesidad si quería excluirlo del 2027. Escobar no era un rival peligroso ni tenía detrás un grupo de poder importante más que sus colegas del cuitlahuismo que solo son una suerte de bandidos de callejón.

Eso sí, en los mentideros públicos se habla del tufo a crimen organizado. Es la historia de siempre: el político que crece y se enriquece súbitamente tanto saqueando el erario como haciendo negocios y acuerdos con mafiosos. Y la mafia siempre cobra cuando se le incumple.

Los conocedores sugieren que el lugar donde se encontró el arma, la entrepierna, con el cañón apuntando al área del perineo es parte del mensaje dejado por los asesinos y que ni siquiera lo mataron dentro del vehículo, fue una escena montada para simular la muerte autoinfligida.

SECRETO A LA TUMBA

Escobar se llevó a la tumba secretos políticos y de corrupción, pero hay uno que envuelve un crimen de lesa humanidad sin resolver: la desaparición forzada de la escort venezolana Yenifer Cristina Velázquez López quien fue su pareja sentimental y a la que nadie ha vuelto a ver desde septiembre del 2021.

Se contó, en su momento, que tras un pleito de alcoba los guaruras del funcionario llevaron a la chica al aeropuerto de la Ciudad de México para subirla a un avión rumbo a Caracas, pero nunca abordó ningún vuelo ni arribó a Venezuela y su familia todavía la sigue buscando.

Zenyazen Escobar ya debió revelar, en el juicio divino, dónde está Yenifer. Si este señor alguna vez fue buena persona, dicho atributo se desvaneció al volverse político… aunque ya rindió cuentas ante el Supremo.