CAFÉ DE MAÑANA

Por José Luis Enríquez Ambell

AMBULANTAJE Y COMERCIO INFORMAL ESTÁN A LA ALZA

El aumento del ambulantaje y el comercio informal son señales de alerta en términos de la economía.

La tasa de informalidad laboral, según el INEGI, se ubicó en el 56.2 % de la población ocupada a mediados de este 2026, y así lo plasma en datos publicados en la ENOE (Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo).

El levantamiento y cifras nos dicen que, en términos de aporte al PIB (Producto Interno Bruto), la economía informal o la llamada informalidad aporta el 25 %, y eso significa o traduce que, por cada 100 pesos del PIB, 25 pesos provienen de la informalidad.

Lo anterior anuncia sobre la falta de empleos formales, la baja calidad de vida en amplios sectores de la población y la incapacidad de la economía local para ofrecer más trabajos seguros y estables.

Y todo eso, independiente de las causas que lo originan, aunque sabemos que principalmente los altos costos de la economía formal, la falta de empleos bien pagados y también el exceso de trámites gubernamentales llevan al crecimiento de la informalidad en el comercio, pues la población inactiva en la formalidad busca subsistir y emplearse desde el universo amplio de la informalidad.

En ese sentido, autoridades como la SHCP y el IMSS suelen coincidir con el INEGI en que la falta de empleo formal nace al perder las personas su trabajo en oficinas o fábricas y usan la venta en la calle, garaje o sala del hogar como su única forma de conseguir ingresos y dinero para comer, aun cuando no les alcance para otros conceptos básicos del sustento familiar, como la salud y educación.

Y es que los altos costos para pagar los impuestos, la renta de locales comerciales y los trámites de gobierno, entre otros factores, son elementos difíciles, sobre todo para los pequeños negocios, y es ahí en donde el primer piso desde el sector gobierno —ayuntamiento y seguido de gobierno estatal— puede hacer algo como una especie de facilitador para el trabajo, empleo y economía en los hogares y las familias.

Quienes solemos movernos en mercados y sitios de venta para adquirir insumos del hogar nos percatamos del crecimiento del comercio informal y, a la vez, de la flexible tolerancia de quienes, como autoridades de comercio en ayuntamientos, resultan ser suaves en ese sentido, y sin que eso sea malo, pues todos tenemos derecho a la comida y la salud, elementos básicos para sobrevivir.

Ahora bien, los comerciantes desde la informalidad prefieren vender en la calle desde sus domicilios porque deciden sus propios horarios, aunque no tengan seguro médico o de otro tipo de seguridad social y económica.

No habrá que dejar de decir que la observancia nos lleva a tener que visualizar que, en términos de las zonas urbanas, así como semiurbanas, sin omitir que la competencia es injusta, igual trastorna la movilidad y las vialidades para las personas de toda condición, y el crecimiento del ambulantaje además da golpes a los negocios que sí pagan impuestos y renta, y así ven caer sus ventas frente a los vendedores de la calle, sobre todo en fechas como entrada a la escuela, fiestas tradicionales durante el año —septiembre es un ejemplo— y las que se avecinan ante la costumbre por el Día de Todos Santos, que se empalman con el cierre del año: la Navidad, el Año Nuevo y Reyes Magos.

Ya de por sí, las autoridades de tránsito y vialidad enfrentan problemas en infraestructura y equipo —humano y material—, y a lo que deben sumarse estos asuntos problemáticos en las calles, dado que los puestos ambulantes tapan el paso de los peatones, ensucian los espacios públicos y causan desorden. Dicho de otra forma, el ambulantaje complica los programas preestablecidos de la atención por los servicios municipales.

Al final, el gobierno, al obtener menos dinero de impuestos, el estado y los municipios captan menos recursos para mejorar servicios públicos en materia de educación (escuelas) y clínicas y hospitales (salud), entre otros.

DE SOBREMESA

En unas horas, desde el Balcón Central del Palacio de Gobierno en Xalapa, Veracruz, habremos, como población, de observar a través de diversos medios el evento simbólico del “Grito de Independencia” en su edición nacional 216, por la ingeniera Rocío Nahle García, gobernadora del Estado.

El protocolo logístico, en toda una recreación de la historia que inició don Miguel Hidalgo y Costilla en defensa de la patria y el nacionalismo, es todo un momento que mueve masas y, en este caso, sobre la Plaza Lerdo en la capital veracruzana.

Esta festividad enlaza ideales entre gobierno y ciudadanos, pero sobre todo de libertades, de ahí que se pronuncie por la autoridad la arenga patriótica, mencionando nombres de los héroes y la población exclame “VIVA MÉXICO”.

Ondear nuestra bandera y, al mismo tiempo, entonar el Himno Nacional conectan al Poder Ejecutivo con sectores de la población sin distingo de colores partidistas, creencias religiosas o filiación política.

Así que, con todo el fervor y la identidad nacional que nos han enseñado todos los maestros de ceremonia del Gobierno de Veracruz —no cito nombres para evitar omitir alguno—, digamos: ¡VIVA MÉXICO, VIVA MÉXICO Y VIVA VERACRUZ!

¡ES CUANTO!

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