El senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara aprovechó su Segundo Informe Legislativo, celebrado en el Parque Juárez de Xalapa, para lanzar un mensaje político que no pasó inadvertido: la Cuarta Transformación no puede limitarse a cambiar gobiernos y aprobar reformas si quienes ejercen el poder terminan reproduciendo los privilegios, las prácticas de corrupción y los intereses personales que el movimiento prometió combatir.
Y no se quedó solamente en el discurso. Ante los asistentes, y con la presencia de Ignacio Mier Velazco, presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Huerta presentó un Pacto Ético por la Transformación y la República, integrado por siete compromisos que sometió a consideración de la asamblea mediante votación a mano alzada.
El documento plantea ejercer el poder con ética y sin privilegios; fortalecer el pacto federal; practicar la honestidad sin excepciones; defender la verdad y la responsabilidad pública; proteger la soberanía nacional; hacer política para construir la paz y garantizar que los principios de la transformación permanezcan en las instituciones, más allá de las personas y los cargos.
Pero el punto que más llamó la atención fue el tercero: rechazar la corrupción, el tráfico de influencias y los conflictos de interés utilizados para obtener beneficios particulares. También establece que los recursos públicos deben administrarse con austeridad, transparencia y responsabilidad.
El mensaje tiene especial significado en Veracruz, donde la discusión sobre el ejercicio del poder, los privilegios y las responsabilidades de los servidores públicos sigue ocupando un lugar central en la vida política.
Huerta recordó que los cargos no son propiedad de quienes los ocupan, sino responsabilidades que el pueblo confía temporalmente. Una definición que alcanza por igual a funcionarios, legisladores, dirigentes partidistas y a quienes aspiran a mayores responsabilidades.
Lo relevante es que el senador anunció que el documento, respaldado mediante la votación de la asamblea, sería entregado a Ignacio Mier para llevarlo al Senado, donde podrá discutirse y enriquecerse.
La propuesta abre una pregunta inevitable: ¿cuántos de quienes presumen pertenecer a la Cuarta Transformación estarían dispuestos a comprometerse públicamente con estos siete principios y, sobre todo, a cumplirlos?
Porque firmar o levantar la mano contra la corrupción puede resultar sencillo. Lo verdaderamente difícil es renunciar a los privilegios cuando se tiene el poder para disfrutarlos.
Y ahí está el fondo del mensaje de Manuel Huerta: la transformación también debe medirse por la conducta de sus propios protagonistas.