ABRAZOS Y NO BALAZOS ( ¿O COMO ERA?)

Uriel Flores Aguayo

Es delicada la situación de la violencia y los altos niveles de drogas en nuestro país. Existe todavía un poder paralelo al del Estado, con consecuencias nocivas en la sociedad. Hay explicaciones obvias para el nivel tan drástico a que hemos llegado. Nos afecta a todos, lastima el tejido social: golpea a la juventud, exprime al comercio y condiciona a los políticos. Hasta lo que es inocente y cotidiano en apariencia suele ser el inicio de cadenas de cuasi esclavitud y corrupción estructural. No hay de otra: debe imperar el Estado de Derecho y la paz pública; el Gobierno federal no debe eludir su responsabilidad primaria en la seguridad, es eso, lo primero y básico. Sin seguridad no funciona nada más. Haber pospuesto la toma de decisiones nos ha colocado en una situación de sobrevivencia. Además de desmantelar a esos grupos criminales y a sus ejércitos, deberá recuperarse el control territorial pleno y fortalecer el tejido social que, en muchas regiones, ha sido contaminado. Deben acabarse el huachicol de todo tipo, las extorsiones, la cultura narca y cualquier asomo de violencia de la delincuencia organizada. Urge un guiño a la sociedad civil, a los periodistas, iglesias, a los académicos, a las ONGS y demás para fomentar seriamente la participación ciudadana en asuntos de seguridad. Vivir sin miedo, vivir en paz debe ser la gran tarea gubernamental y social. Todos tenemos algo que hacer para superar estos horribles tiempos y aspirar a un mucho mejor futuro para nuestros hijos y nietos. Hay que hacer permanentes y poderosas campañas contra las drogas, regular los lugares de convivencia juvenil y aplicar escrupulosamente las leyes. Las nuevas generaciones deben tener claro, la captura o muerte de capos sirve de muestra, que el futuro más seguro para quienes se metan a ese mundo son la cárcel o el panteón . Más allá de lo espectacular en hechos como el de hoy, debe darse un enfoque didáctico y mostrar la realidad de esos personajes. El susto debe convertirse en algo ejemplar; para tal tarea es indispensable que los gobernantes hablen claro y concreto, sin eufemismos de unidad de papel. Al final, la pérdida de poder delincuencial se traduce en mayor libertad para quienes gobiernan. Así podremos respirar tranquilos pronto.