ISR asimilable: formalidad, participaciones e incremento de 9%
Por: Edgar Sandoval Pérez
@EdgarSandovalP
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“Ingreso no necesariamente implica desarrollo, pero estructura financiera, sin duda lo es”
Decía Milton Friedman que “no hay almuerzos gratis”. En materia fiscal, la frase cobra especial sentido. Cada peso que ingresa al erario tiene detrás una historia económica: producción, empleo, formalidad y, por supuesto, cumplimiento tributario.
El Impuesto Sobre la Renta (ISR) asimilable a salarios no suele estar en la conversación pública. No genera polémica como el IEPS ni tiene la visibilidad del IVA. Sin embargo, cuando este rubro aumenta 9% en Veracruz y representa $1,640 millones de pesos adicionales, el dato merece algo más que una mención técnica: requiere análisis.
Primero, entendamos su naturaleza. El ISR asimilable grava ingresos que, sin ser estrictamente sueldos tradicionales, se equiparan a estos: honorarios asimilados, servicios profesionales bajo esquemas específicos, integrantes de consejos de administración, comisionistas. Es decir, se ubica en la frontera entre empleo subordinado y prestación independiente de servicios.
No es un impuesto nuevo, pero sí es un termómetro sensible de formalidad económica.
Cuando este concepto crece, puede obedecer a distintos factores. Uno, mayor dinamismo en sectores profesionales y empresariales. Dos, una mejor fiscalización por parte del SAT. Tres, ajustes nominales derivados de inflación o actualización salarial. En enero de 2026, el incremento reportado del 9% en ISR participable para Veracruz —equivalente a 1,640 millones de pesos— refleja una combinación de estos elementos.
Ahora bien, el efecto no es solo recaudatorio. El ISR forma parte de la Recaudación Federal Participable, base del Ramo 28. Esto significa que cuando la federación recauda más ISR, las participaciones a los estados también aumentan. En términos simples: mayor formalidad y mayor retención significan más recursos para Veracruz.
Pero la pregunta no es solo cuánto llegó, sino qué significa estructuralmente.
Veracruz ha enfrentado históricamente niveles elevados de informalidad laboral. De acuerdo con la ENOE del INEGI, la informalidad en el estado ha superado en varios trimestres el 60%. En ese contexto, un crecimiento sostenido del ISR asimilable puede interpretarse como una señal —aún parcial— de mayor trazabilidad fiscal y profesionalización económica.
El secretario de Finanzas, Dr. Miguel Santiago Reyes, ha señalado la importancia de fortalecer ingresos propios y mejorar la coordinación fiscal. Lo cierto es que los resultados muestran un trabajo estructurado: orden en la captación, disciplina en el manejo presupuestal y una estrategia que prioriza estabilidad financiera. No es casualidad que los ingresos participables muestren este comportamiento; es consecuencia de una administración técnica y sistemática.
Lo relevante es el margen fiscal que se abre. Mil seiscientos cuarenta millones de pesos adicionales no son una cifra menor. Representan capacidad financiera para inversión en infraestructura, salud, educación o incluso para fortalecer finanzas municipales vía participaciones.
Pero aquí surge el dilema clásico de la política económica: ingreso no necesariamente implica desarrollo.
Si estos recursos se orientan a gasto corriente improductivo, su impacto multiplicador será limitado. Si, por el contrario, se canalizan hacia inversión pública estratégica —puertos, logística, conectividad digital, capital humano— el efecto puede ser acumulativo y sostenido.
El ISR asimilable, en el fondo, es un reflejo de cómo se está estructurando la economía veracruzana. Estados con mayor peso en servicios especializados, asesorías, actividades corporativas y sectores profesionales tienden a registrar mayor dinamismo en este rubro. Para una entidad históricamente dependiente del sector primario y energético, el comportamiento de este impuesto puede indicar una transición gradual hacia actividades de mayor valor agregado.
Al final, la discusión no debería centrarse únicamente en cuánto creció la recaudación.
La verdadera discusión es cómo transformar esa recaudación en desarrollo sostenible para Veracruz.