Por Si Estaba Con El Pendiente
Quetzalli Carolina Vazquez.
En #Veracruz no hay exceso de libertad de expresión, como dijo en su momento la gobernadora Rocío #Nahle, en Veracruz, lo que hay es exceso de intolerancia hacia la prensa que hace preguntas que incomodan al poder porque aunque el discurso oficial presume apertura, los hechos evidencian otra cosa.
Muestra de lo que pasa es lo ocurrido con la reportera de TV Azteca, en #Coatzacoalcos, Heidi Castellanos, quien fue empujada por una integrante de la escolta de la gobernadora Rocío Nahle cuando la cuestionaba sobre las #fosas clandestinas halladas en el sur del estado.
Aunado a lo anterior, este fin de semana se sumó otro episodio preocupante, el periodista Samuel Hernández director del portal #Tuxpan Informativo fue agredido por elementos municipales, encarcelado y su vehículo dañado.
En ese caso sí hubo posicionamiento de la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas (CEAPP), porque cuando la agresión es municipal, hay comunicado pero cuando toca al entorno del Ejecutivo, hay silencio como ha ocurrido con el caso de Heidi.
El mutismo se puede entender cuando recordamos que la #CEAPP ha perdido autoridad moral para hablar de protección al gremio; su secretario ejecutivo, Tulio Moreno, —vinculado laboralmente al diario La Jornada Veracruz— mantiene a trabajadores con más de 12 quincenas sin recibir salario, medio año sin pago y no hay un solo pronunciamiento al respecto.
La CEAPP no solo ha sido incapaz de respaldar con firmeza a la compañera de Coatzacoalcos; ha permitido que la institución sea debilitada desde dentro y mientras tanto, periodistas siguen enfrentando agresiones sin un organismo fuerte que los respalde.
Pero el tema no termina ahí, el director de Radio Televisión de Veracruz (#RTV) decidió no condenar la agresión contra Heidi, sino descalificarla públicamente. En un video, el joven influencer erigido como director de la televisora estatal, aseguró que se trató de un “montaje” por trabajar en TV Azteca, habló de que buscan “chayote” y lanzó ataques contra Azteca y Televisa asegurando que pronto van a desaparecer.
Un funcionario público acusando sin pruebas a una reportera, estigmatizando a la prensa crítica, denostando y agrediendo en lugar de defender la libertad de prensa; un funcionario que, en lugar de contribuir a bajar la tensión eligió polarizar porque como influencer desconoce del tema de la comunicación institucional y entonces lejos de contener el problema lo complica; un funcionario público que actuó como activista digital y con ello no protegió al gobierno: lo expuso.
Este tipo de mensajes no solo agravia a una reportera en lo individual sino que envia un mensaje al gremio completo porque tal parece que el poder no quiere prensa crítica; quiere prensa dócil pero la sociedad necesita una prensa que investigue, que cuestione, que contraste versiones, que incomode cuando sea necesario; periodistas que no aplaudan por consigna, sino que pregunten por responsabilidad.
El gobierno parece preferir otra prensa: La que celebra cada acción aunque sea mala, la que no cuestiona, la que aplaude como foca y por eso ahora, desde el poder se atreve a criticar y señalar al gremio que sí cumple con su función social de informar, pretenden deslegitimar a quienes hacen preguntas que les incomodan e intentan dividir al gremio entre “leales” y “#carroñeros” y coloca a la prensa que cuestiona como adversaria sin darse cuenta que están construyendo un ambiente hostil que puede escalar.
Este gobierno ha tenido tantas formas de agredir a la prensa que la lista es larga: llamarla “carroñera” es agresión, ignorar preguntas es agresión, bloquear cuestionamientos es agresión, empujar reporteras es agresión, desacreditarlas desde cargos públicos es agresión.
Veracruz no necesita más agresiones, es a nivel nacional, el estado con mayor riesgo para ejercer el periodismo y por esa razón necesita dar garantías claras para ejercerlo, necesita que las agresiones -vengan de policías municipales, de escoltas estatales o influencers erigidos como funcionarios- se investiguen y se sancionen, necesita que la crítica no sea vista como traición sino como parte escencial de la vida democrática.
En Veracruz no sobra libertad de expresión, sobra intolerancia, porque cuando el poder quiere aplausos en lugar de preguntas, no estamos frente a una prensa libre,
estamos frente a un gobierno incómodo con la verdad que busca a cualquier precio callar a quienes se atreven a cuestionar.