TEXTO IRREVERENTE

ANDRÉS TIMOTEO

TRES JINETES AL HILO

“Se abrió el Tercer Sello y oí al ser viviente: ‘Ven y mira’. Y vi un caballo negro y el que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y oí una voz que ordenaba: ‘un litro de trigo por un denario y tres litros de cebada por un denario, pero no toques el aceite ni el vino’”, se lee en el Apocalipsis de Juan. Habla, por supuesto, de tercer jinete apocalíptico, el de la hambruna que hoy amaga con galopar por Europa.

Ya está trotando el guerrero que monta el caballo rojo y que amenaza con sumar a su ruta a más países, no solo a Ucrania y Rusia donde desde el 24 de febrero inició su cabalgata. Por si fuera poco, Europa apenas está apartándose de la carrera del caballo amarillo, el de la peste, que lleva dos años sembrando el terror y la muerte con la Covid-19. Tres de los cuatro caballos apocalípticos  se ven al hilo por estos lares: la enfermedad, la guerra y la hambruna en ciernes.

Cierto, diría Santo Tomás Moro que todos los días se ven esos jinetes que trotan en casas, barrios, comunidades, muchas veces de forma silenciosa pero igualmente mortal, y que cada pueblo tiene sus corceles de la tragedia que de vez en vez los castigan, aunque son pocas las ocasiones en las que esas escaramuzas se dan a cierto abierto y arrastrando masas. Por supuesto que no es el fin del mundo profetizado en la Biblia pese al sufrimiento, pero hay que lidiar con la embestida.

La cita inicial del jinete con la balanza en la mano ilustra las consecuencias globales que tendrá la guerra entre Ucrania y Rusia en el rubro alimentario. Ucrania y Rusia están entre los primeros lugares en la producción y exportación de trigo, cebada, maíz y aceite comestible, y la guerra ha detenido ambas actividades. Ucrania es en cierta medida el granero mundial pues ya que provee el 12 por ciento del trigo que se consume en el orbe.

También es el primer exportador mundial de aceite de girasol, el tercero de cebada y el cuarto de maíz según FranceAgriMer, la agencia gala de medición de productos agrícolas de ultramar. Ahora, el país invadido y con su población huyendo o atrincherada, abandonó el campo y la producción se desplomará. No habrá cosecha este año y tampoco para el siguiente si se prolonga la ocupación rusa. Y el resto del mundo pagará las consecuencias en el abasto y el encarecimiento de los productos agrícolas.

En Francia ya se resiente el alza en el precio del trigo lo que anticipa un incremento en el pan y la repostería,  dos íconos de su gastronomía. El mejor indicador es la cotización del pan ‘baguette’ que es para los franceses lo que para los mexicanos es la tortilla. La ‘baguette’ subirá entre 5 y 10 céntimos (centavos) de euro en las próximas semanas, según las previsiones de los panificadores,  y así una pieza pasara de costar entre 80 céntimos y un euro – 18.46 a 23 pesos- a un rango de 85 céntimos a 1.10 euros -19.65 a 25.38 pesos-.

El país galo no depende de las importaciones de trigo desde Rusia ni Ucrania pero el precio del grano está regulado mundialmente por la Bolsa del Trigo con sede en Chicago, Estados Unidos donde se fija su cotización que influye para todos los vendedores y compradores del planeta. En el último par de semanas, la tonelada pasó de 380 a 400 euros -8 mil 760 a 9 mil 230 pesos mexicanos-, algo que no sucedía desde la crisis de 1999. México no se escaparía del impacto porque es deficitario en la producción de trigo y debe importar 50.2 kilogramos de cada 100 que consume.

En España ya hay cierta sicosis por la escasez de aceite de girasol que se compraba a Ucrania y desde esta semana los supermercados impusieron la política de no vender solo una botella por cliente ante la escasez que se avecina mientras que la industria de repostería ha alertado que solo tiene reservas de aceite para cuatro semanas y si no encuentran proveedores emergentes se caerá la producción industrial de dulces y pastelillos.

Lo anterior en cuanto a los alimentos pero la producción agrícola europea recibirá igualmente un golpe fuerte pues buena parte de sus fertilizantes llegan desde Rusia y el gobierno de Vladimir Putin acaba de decretar la suspensión de todas las exportaciones para evitar que haya penuria en su propio suelo y afrontar, a su vez, el castigo económico que le aplicaron la Unión Europea, Estados Unidos y los otros países aislados.

FRENAR AL CABALLO

Aun así, eso  no es nada en comparación con lo que se espera en cuanto a los combustibles. El 40 por ciento del gas que consume Europa viene de Rusia. Por eso la Unión Europea no ha secundado la decisión de Estados Unidos y Gran Bretaña para suspender la compra de hidrocarburos al régimen putinista. Francia asegura tener reservas suficientes para terminar el invierno sin escasez de petróleo, gasolina o diésel y por lo tanto no hay riesgo de que se disparen los precios.

No obstante, el discurso gubernamental se estrella con la realidad pues desde hace dos semanas el precio de los combustibles comenzó a subir. El litro de gasolina pasó de 1.74 a 1.88 euros – 40.14  a 43.37 pesos mexicanos – y se estima que la semana entrante pueda romper la barrera de los 2 euros – 46.16 pesos- lo que obligará a reajustar los precios en otros productos que se transportan quemando combustibles fósiles.

A la par, el precio de la energía eléctrica está por las nubes. Ya venía subiendo desde finales del año pasado y con el alza en la cotización del barril de petróleo debido al conflicto bélico y el riesgo de que se corte el abasto de gas desde Rusia -lo que colapsaría las plantas generadoras de electricidad que operan con el hidrocarburo- las alarmas  se encendieron. Los visos de escasez provocan tanto miedo que el gobierno de la Unión Europea anunció que está por decretar el control de precios.

Frente al riesgo de que la factura de la luz se dispare al igual que el precio de la gasolina lo que  castigará a millones de hogares y sacudirá todo el entablado industrial y comercial, las autoridades  europeas estudian fijar un tope al precio de la energía para alivianar al consumidor industrial, comercial y doméstico. ¿Quién iba a decir que los países más liberales se verían obligados a adoptar una medida que es la antítesis del libre mercado? Todo con tal de frenar al caballo de la penuria que amenaza con desbocarse y arrollar a millones. Son tiempos apocalípticos.