TEXTO IRREVERENTE

ANDRÉS TIMOTEO

CAE OTRO MENSAJERO

Otro periodista fue asesinado por el crimen organizado en Sinaloa. El reportero y columnista del diario “El Debate”, Luis Enrique Ramírez fue secuestrado el miércoles en las inmediaciones de su domicilio de Culiacán y su cadáver envuelto en bolsas de plástico se localizó ayer jueves en un paraje de las afueras de la ciudad.

Es el noveno comunicador abatido en lo que va del 2022 y el número 29 del sexenio de Andrés Manuel López Obrador -cinco de de ellos veracruzanos -. Y el asesinato se produce en una entidad por demás emblemática de la connivencia entre la delincuencia y el gobierno y que es la sede del cartel del mismo nombre que lidera la familia de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

Allí gobierna el morenista Rubén Rocha Moya quién llegó al cargo con la sospecha de haber sido ayudado por el Cartel de Sinaloa en la campaña electoral. Rocha es originario de Badiraguato, el municipio cuna de esa organización criminal y de donde son nativos “El Chapo” y toda su parentela que ahora lleva las riendas de la mafia. En resumen, el narco-imperio se cobró la vida de otro mensajero.

No habrá justicia para Luis Enrique Ramírez como tampoco la hubo para Javier Valdez asesinado en mayo de 2017. Es cierto, hay dos sicarios encarcelados por ese crimen pero no se ha tocado a los autores intelectuales, los que dieron la orden de ejecutarlo. Fueron los capos Dámaso López Serrano y su hijo Dámaso López Núñez, financieros de dicho cartel y compadres de Guzmán Loera. Ambos están detenidos, uno en México y otro en Estados Unidos, pero por causas diferentes al homicidio del periodista.

Impunidad es lo que se espera en el homicidio del columnista porque el Cartel de Sinaloa manda en esa entidad mientras que nivel nacional tiene la simpatía de quien despacha en el Ejecutivo. Para ellos son los abrazos y para los periodistas los balazos. Además, este nuevo crimen contra un reportero también se perpetra en el contexto de los ataques cotidianos del propio presidente Andrés Manuel López Obrador contra los periodistas. Es parte de la cosecha del odio sembrado, pues.

EL ‘ELEFANTE’ GRIPAL

En México, y por supuesto en Veracruz, se vive una situación orwelliana respecto a la pandemia de Coronavirus. El término orwelliaano es un adjetivo que se desprende de la novela “1984” del inglés George Orwell en la que describe una sociedad manipulada, negacionista y autodestructiva, y así están los mexicanos -y veracruzanos- frente a la peste que ni ha desaparecido ni ha dejado de matar.

Tan solo en el último reporte nacional -del miércoles 4 de mayo- se acumularon 6 mil 785 nuevos infectados con la Covid-19 y 499 defunciones, además había 2 mil 299 personas hospitalizadas y de ellas 870 estaban en coma inducido y con respiración mecánica. Es decir, el virus ahí sigue y continúa siendo letal para mucha gente que tiene sus defensas comprometidas por ya sea por la edad o algún padecimiento crónico.

A pesar de ello, el país está en jauja. Todos vacacionando, todos atiborrando tanto los espacios públicos como los privados, todos sin cubrebocas y sin observar las demás medidas sanitarias y todos con la consigna de que la enfermedad ya no existe a dictado del gobierno lopezobradorista. La Covid-19 es el ‘elefante en la sala’, como se dice popularmente, porque es algo enorme que está presente pero que nadie quiere ver.

La Covid-19 ha repuntado en el país en el último par de semanas y de acuerdo con el  director de Emergencias en Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Ciro Ugarte los más contagiados ya no son los adultos mayores sino los jóvenes. El rango de edad donde la pandemia se está cebando es el grupo de entre los 18 y 49 años que coincidentemente es el segmento poblacional que tiene más reticencia a vacunarse.

Igualmente, y haciendo un paréntesis del hilo inicial aunque no es tema ajeno, una muestra de que no aprendimos nada en los dos años de pandemia es lo que sucede en la Ciudad de México que lleva varios días bajo contingencia ambiental porque se disparó el nivel de polución al grado de convertirse -o más bien de regresar – en un riesgo para la salud de la población. Apenas el gobierno dijo que se acabó la pandemia y todos volvieron a saturar la urbe con su vehículos quemando combustible fósil.

Como bien lo retrató un caricaturista capitalino: el cubrebocas ahora debe ser sustituido por una máscara antigás pues las partículas que se respiran en el Valle de México son igual de dañinas que el virus gripal que durante meses flotaba en el aire para infectar a todos. La muerte se sigue inhalando.

Por otro lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un balance de saldos mortales de la pandemia y señaló que unos 15 millones de personas fallecieron en 2020 y 2021 por la Covid-19. A eso habrá que sumarle los decesos de lo que va del 2022 por lo que la cifra se elevaría a los 17 millones . A la par, estudios de diversas universidades mantienen la observación de que las cifras reales podrían ser hasta tres veces más elevadas.

Lo anterior porque hay países con gobiernos autoritarios y negacionistas que no proporcionan los números verdaderos de contagios y defunciones. Uno de ellos es México donde desde hace meses se dejó de contar a los muertos y desde siempre se han maquillado las cifras. El último reporte es de 325 mil fallecidos en los datos oficiales, pero la cifra real ya podría rondar el millón de mexicanos muertos por el virus pandémico.

Por cierto, aquellos que hacen chunga por el falso fin de la pandemia deberían voltear a ver lo que pasa en China donde las dos ciudades principales, Shanghái y Pekín están nuevamente bajo estrictas medidas sanitarias debido a los rebrotes de la Covid-19. Hay gente confinada en sus domicilios, se suspendió el transporte metro, se restringió la movilidad, se suspendieron actividades públicas y se cerraron teatros, restaurantes, bares, cafeterías, estadios deportivos y centros de diversión.

China, en donde surgió la pandemia, está bajo alerta máxima a pesar de que en Pekín, por ejemplo, en las últimas 24 horas se detectaron 40 nuevos infectados. Vaya, comparen al país asiático con México donde hubo casi 7 mil nuevos enfermos del martes a miércoles, aunque aquí no priva la responsabilidad gubernamental ni la colectiva sino la panchanga orwelliana.