TEXTO IRREVERENTE

andrés timoteo

CIEN PALABRAS

“Mi casa queda en una loma cerca de la estación Andalucía. Allí vivimos tres personas. Mi mamá, el monstruo y yo. Cada vez que me voy a dormir puedo ver que en la esquina de mi habitación se para el monstruo para verme mientras duermo.

Me da miedo que me haga algo mientras no puedo verlo, puedo sentir su mirada más y más profunda, como si sus intenciones se escucharan a gritos. Le he puesto varios nombres, el monstruo, el vigilante, el coco y muchos otros. Pero mi mamá le dice amor”.

El anterior es el cuento “El monstruo de mi cuarto”, ganador del primer lugar en la categoría juvenil del concurso “Medellín en cien palabras” realizado desde el 2017 por la alcaldía de Medellín, en Colombia. Esta historia brevísima fue escrita por Miguel Ángel López de 15 años, y es poderosa por donde se le mire.

Aunque es un cuento, género literario que permite incorporar personajes y lugares fantasiosos, tiene una carga de realidad brutal. Es la propia realidad del escritor adolescente que narra el acto horrible sufrido: el ataque de un pederasta que vive en su casa y que su familia -su madre- lo considera un ser querido.

Miguel Ángel no solo se expresó literariamente sino que hizo una denuncia pública sobre una bestia de carne y hueso. El cuento ha desatado polémica tanto en Colombia como en toda América, y hay quienes exigen que las autoridades actúen en consecuencia para atrapar y castigar al pederasta.

Deberán pasar muchas cosas para eso. Primero que la víctima acepte abandonar su anonimato -se supone que los nombres públicos de los ganadores son seudónimos – y que reciba apoyo de su madre u otro pariente pues es menor de edad y que los organizadores del concurso acepten convertirlo en una suerte de testigo primigenio del delito.

Es la primera ocasión en que “Medellín en cien palabras” alcanza tanta popularidad pues es un evento muy local, de aquella ciudad colombiana, aunque no pasa desapercibido pues son cientos los niños, adolescentes y adultos los que participan. Por ejemplo, el cuento de Miguel Ángel es el concursante número 648. Los ganadores niños y jóvenes reciben becas permanentes para estudiar hasta la universidad.

La competencia literaria cumplió un doble objetivo: ser un foro de expresión artística y una plataforma de denuncia. Su diseño es innovador, si se le puede llamar de tal manera, porque no convoca a presentar una pieza de decenas o centenares de cuartillas sino un texto de apenas cien palabras.

Claro, habrán quiénes digan que eso es ‘pan comido’, pero los que saben de escritura y también de periodismo -sobre todo los compañeros de redacción, corrección, diseño y de imprenta – darán testimonio que es incluso más complicado escribir un mensaje en un espacio tan corto. Reducir ideas y acomodar frases cortas para que puedan ser publicadas es todo un arte. En los cabezales de las notas periodísticas así como las famosas ‘ocho columnas’, los bajantes, los ‘balazos, las ‘orejas’, se requiere de esa habilitad para acomodar letras en los cuadratines -los que siguen a la ‘antigüita’ – o los çaracteres obligatorios -los que están modernizados con lo digital -. No vayamos lejos, los ‘millennials’, que son los jóvenes que nacieron en la era informática, saben también de eso con la dictadura del Twitter que antes solo permitía 140 caracteres y ahora lo elevó a 280 en cada mensaje. En esa idea se basó “Medellín en cien palabras”, en incentivar a niños y jóvenes a convertirse en narradores de pequeñas historias, las cuales no por ser breves dejan de ser bellas e impresionantes.

¿Por qué los ayuntamientos veracruzanos no copian esta ideal?, ¿por qué en el puerto de Veracruz, por ejemplo, todo tiene que ser carnaval, borracheras, albures y gente con poca ropa?, ¿por qué conformarse con las Yeris Muas, los Papanatas y sus escándalos cutres en lugar de apostarle a la literatura azuzada desde temprano entre los niños, adolescentes y jóvenes?, ¿por qué tanta ‘jodidez’ en la aldea?.

LOS QUINCE

“En noviembre cumplo catorce años y mis padres ahorran para mis quince, parece que es muy importante porque hablan con mis tíos de eso con frecuencia, yo agradezco pero no le veo sentido al disfraz como una carpa de circo, dibujarme en la cara maquillajes, zapatos duros y altos que toca aprender a usar.

Luego ponerme una corona de plástico para que todos aplaudan y debo delante de todos bailar con mi papá una música clásica, mis tías me preguntan si llevaré un noviecito en vez de preguntar si llevaré a alguien, si quiero fiesta, si entiendo algo del rito”. Fue el primer lugar en la categoría infantil y lo escribió Ana Sofía de 13 años.

CIEN VECES

“Levántate. Me dijo mientras me arrebataba la cobija de la cara; ya le había repetido 100 veces que no me quería levantar. Al mediodía me sirvió la sopa, sentí que había muchas zanahorias; ya le había repetido 100 veces que no me gustan las zanahorias.

Cuando me llamaron del hospital por ella ya le habían dicho 100 veces que se tomara sus pastillas. Sentí que pasaron 100 días sin verla y me estaba invadiendo la tristeza. Mamá, te traje flores, le dije. Ya te he dicho 100 veces que no me gusta ir a visitarte en el cementerio”. Es el cuento ganador del segundo lugar infantil y lo escribió Santiago Riascos de 12 años.

NO PARABA DE REÍR

En “Medellín en cien palabras” también hay espacio para los adultos y el cuento ganador en esa categoría del 2022 se llama “La Prótesis” y su autora es Lina Marcela de 43 años: “No sabía que mi papá había perdido sus dientes; solo tuve conciencia de ello cuando vi la prótesis en el lavamanos, mientras él se iba a la Clínica Medellín. Horas después recibí un audiomensaje en el que decía no poder comer y me rogaba hacérsela llegar.

Cuando volví a casa para recogerla, encontré la misma risa en el baño; la puse en una bolsa para enviarla con el mensajero, quien observó extrañado la encomienda. La prótesis no paró de reír, ni cuando una semana después fue devuelta con otras cosas sin usar, en la maleta de mi padre muerto”.

*Envoyé depuis Paris, France.