TEXTO IRREVERENTE

ANDRÉS TIMOTEO

TELE-MENTIRAS

Ayer en palacio de gobierno de Jalapa se proyectó otro capítulo de la novela de falacias que rodea a la paraestatal Radio Televisión de Veracruz (RTV) que está fuera del aire desde inicio de año pues la concesión sobre el espectro radioeléctrico se perdió debido a que no la renovaron a tiempo. Los protagonistas de ese episodio fueron el gobernante en turno -para no variar- Cuitláhuac García y el director de la televisora, Víctor Cisneros. Ambos mintieron a gusto para intentar sacudirse de su responsabilidad en el apagón.

Como días atrás, Cisneros volvió a culpar a la administración del panista Miguel Ángel Yunes Linares por haber solicitado de forma extemporánea la renovación del permiso ante el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL) y que por eso se perdió la señal que durante 17 años fue explotada y que finalizaba el 31 de diciembre pasado. Reveló que el 20 de enero del 2020  -cuando ya el gobierno cuitlahuista tenía un año con 45 días de funciones- fueron notificados por el organismo regulador de que la concesión se perdería y aunque se hicieron los trámites la misma no se pudo rescatar.

Prácticamente el señor Cisneros dijo que no se pudo hacer nada y sacó una ristra de argumentos estultos como que “el IFETEL es un órgano autónomo muy estricto”, que “así son los plazos” y “las reglas con su programa bianual de bandas y frecuencias”, y hasta culpó también al exgobernador Javier Duarte de que durante su gestión se perdió otra concesión, la de la antena retransmisora de La Perla, y por estar ocupadísimos rescatándola se distrajeron y no pudieron atender el otro asunto. Risas. Vaya, al tipo le da para escribir una novela de intriga, aunque eso sí demasiado chabacana.

Y como se enredaba en sus dichos ante los reporteros que acudieron a la conferencia de prensa, entró al quite otro igual, el propio García Jiménez, quien al intentar atajar los cuestionamientos hizo una confesión de parte: “sí sabíamos del problema (la pérdida de la concesión) pero lo mantuvimos (en secreto) porque hay que ser cautos”. Entonces, ¿si ahora están culpando a Yunes Linares de lo que sucedió por qué no usar el dato fresco desde el 2020 cuando les avisaron del “problema” para evidenciar a su villano favorito?

¿Por qué se callaron más de dos años y ahora lo sacan a la palestra con el mismo culpable? La respuesta es simple: ni se habrían enterado del asunto porque nunca se preocuparon en revisar la situación jurídica de la concesión y porque en los tres años que llevan de administración no hicieron nada para rescatar o, en su caso, tramitar un nuevo permiso. Así lo confirman las contradicciones.

Para empezar, en una entrevista radiofónica que le realizaron la víspera, el funcionario Cisneros también hizo una confesión de parte al declarar que sus antecesores “nunca nos dijeron, nunca nos lo dijeron”.  Traducción: ni cuenta se dio lo que sucedía jurídicamente con la concesión televisiva porque nunca revisó los que la administración anterior les entregó. ¿Cómo se llama eso? Acertaron.

Otra confesión de parte es que si el IFETEL les notificó el 20 de enero del 2020 que habían perdido el permiso, ¿por qué hasta el 21 de diciembre presentaron la solicitud para una nueva concesión?, ¿por qué dejaron pasar once meses?, y ¿por qué si es una televisora con cuarenta años de existencia y, se entiende, de experiencia está todavía bajo inspección del organismo para comprobar la viabilidad técnica? Según Cisneros, hasta el pasado miércoles todavía peritos de la IFETEL realizaban una revisión técnica a las instalaciones. Algo no cuadra: o apenas se hizo el trámite o tienen un tiradero.

CASO ZACATECAS

Ayer también el gobernante García Jiménez alegó que la dilación en la nueva concesión de señal televisiva es porque en el IFETEL “hay inversiones y las cadenas de televisión cotizan, por eso tienen fechas y plazos”. ¿Qué habrá querido decir? Tal vez se refería a que el instituto tiene muchas solicitudes tanto de concesiones a entes públicos -el caso del gobierno veracruzano- como a empresas privadas y por eso no se da abasto con los tiempos. Si eso fue lo que quiso decir es otra mentira.

El 24 de junio del 2021, el IFETEL otorgó 24 nuevas concesiones en el espectro radioeléctrico al sistema público de 15 estados del país y el proceso para obtener dichos permisos tardó entre 15 y 26 meses, es decir que el plazo máximo de espera fue de dos años con dos meses en los casos más complicados. Y García Jiménez tiene ya más de tres años al frente de la administración estatal, lo mismo que Cisneros con titular de RTV, mucho más que el lapso que ocuparon esas nuevas concesiones de junio pasado.

Pero el caso que pone en evidencia la negligencia y falsedades del directivo de RTV, y por ende de su jefe el gobernante García Jiménez, es el del Sistema Zacatecano de Radio y Televisión (Sizart) -otra vez Zacatecas, entidad que tanto odian en Veracruz, risas- que obtuvo su primera concesión para una televisión pública en el 2015. Es el expediente más reciente de un permiso primigenio – o sea una nueva concesión – a favor de un gobierno local.

La entonces administración del priista Miguel Alonso Raya presentó la solicitud al IFETEL el 23 de abril de ese año y el 6 de agosto, o sea cuatro meses después, el organismo liberó el permiso para operar el Canal 24 con las siglas XHZHZ-TDT con una frecuencia de 530 a 556 megahercios que comenzó a trasmitir el 22 de febrero del 2016. Todo el trámite, desde la petición hasta la entrega de la concesión y la transmisión del primer programa desde la señal en la antena del “Cerro de la Virgen” ocupó diez meses.

En Veracruz llevan tres años de gobierno en los que no realizaron el trámite y la televisora estatal sigue fuera del aire. Se cae, obviamente, el pretexto del gobernante y de su funcionario de que el IFETEL tiene plazos muy estrictos, que hay puja entre empresas y entes públicos por las señales y toda esa alharaca. La realidad es que no hicieron nada, estaban meciéndose en la hamaca cuando les vinieron a bajar el ‘switch’, y ahora se inventan toda una telenovela con culpables imaginarios para justificar el apagón. Se insiste: ¿cómo se llama eso? Le atinaron otra vez: ‘valemadrismo’, según la sabia jerigonza popular.