TEXTO IRREVERENTE

ANDRÉS TIMOTEO

LAS CARENCIAS DE CHABELA

La sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que derogó el delito de “ultrajes a la autoridad” en el código penal veracruzano fue un mazazo para el gobernante en turno, Cuitláhuac García Jiménez y para el congreso local pues son los que propusieron y aprobaron las reformas en marzo del año pasado. No obstante, el golpe más fuerte en cuanto a lo cualitativo se lo lleva la presidenta del Tribunal Superior de Justicia del estado, Isabel Romero Cruz.

Ella es la encargada local de un poder que debe velar por la permanencia del estado de derecho. Por ende, debe ser una experta en la Constitución -la del estado y la federal – y garantizar que todas las leyes secundarias, como el código penal, no la contradigan ni mucho menos se conviertan en instrumentos para atropellar los derechos humanos consagrados en esas cartas magnas.

Y no lo hizo, al contrario se puso del lado de lo ilegal. En la víspera de que sesionara el pleno la SCJN, para analizar los recursos de inconstitucionalidad por el citado delito, Romero Cruz pronunció una frase que la perseguirá de por vida al acusar que los ministros cometerían “una aberración” si lo derogaban y además enderezó una defensa de los policías considerándolos víctimas de los ciudadanos.

Esa declaración no solo mostró una abyecta sumisión al gobernante en tuno sino que la despojó de toda autoridad jurídica y ética. Como bien lo dicen los expertos -incluyendo los filósofos desde milenios atrás- lo más importante de un juez es la probidad y la pulcritud. Es decir, la rectitud y honradez respecto a la primera característica y la obediencia estricta de la ley en cuanto a la segunda.

Nada de eso reúne la señora Romero Cruz. No es pulcra sino desaseada en el derecho pues a sabiendas que el delito de “ultrajes a la autoridad” era inconstitucional lo defendió y se lanzó contra los ministros que lo iban a eliminar acusándolos de hacer algo aborrecible. No es pulcra porque sus dichos no obedecieron a ninguna norma ni a una jurisprudencia sino a una actitud de obediencia servil al gobernante. Lo secundó a sabiendas que se ensuciaría.

La Declaración Copán-San Salvador que se desprendió de la Cumbre Iberoamericana de Presidentes de Cortes Supremas y Tribunales Supremos de Justicia, realizada Copán, Honduras en el 2002, estableció que todos los encargados de esos organismos observaran un código de ética judicial y este los mandata a mantener la integridad e independencia del poder judicial, evitar la incorrección en todas sus actividades, ser imparciales, someterse periódicamente a la valoración de su desempeño, abstenerse de intervenir en actividades políticas y sobre todo tener como regla de conducta tanto en el  atril como en su vida diaria a la ley, solamente a la ley.

En pocas palabras, ser una persona pulcra en su desempeño y esa pulcritud se obtiene conociendo y cumpliendo el texto legal. Romero Cruz no es limpia ni mucho menos sabe de derecho. Tampoco proba. ¿Qué le queda? Si tuviera respeto por la ley y los veracruzanos, renunciar al cargo y ofrecer una disculpa pública.  No lo hará, continuará desempeñando el papel de bufón de otros más ignorantes que ella como García Jiménez, el diputado Javier Gómez Cazarín, el secretario de Gobierno, Cisneros Burgos, y la fiscala Verónica Hernández quienes en lo tácito son sus patrones.

¡FUERA MÁSCARAS!

Diez días antes de que se cumplan dos años de haber declarado el estado de emergencia sanitaria, los franceses se quitarán la máscara anti-Covid y cancelará la obligatoriedad del “pase vacunatorio” para acceder a todos los lugares. El próximo 14 de marzo, dicha cartilla de vacunación que fue puesta como obligatoria desde el 24 de enero de este año pero que es la continuación del llamado “pase sanitario” vigente desde junio del año pasado, ya no será necesaria para entrar a restaurantes, cines, teatros, bares y cafeterías.

Ese mismo día se anulará la obligación de usar cubrebocas en todos los espacios cerrados, a excepción del transporte colectivo -autobús, metro, avión, barco o tren –, en el interior de los hospitales y en las casas de retiro para ancianos. De ahí en fuera ¡Vive la liberté! Los franceses destapan la champagne tras casi dos años de usar la tela para protegerse de la Covid-19.  Es una segunda conquista simbólica después de que el año pasado se eliminara de forma escalonada el confinamiento de la población.

Jean Castex, primer ministro de Francia hizo el anuncio libertario argumentando que “las condiciones están reunidas” pues el número de pacientes en reanimación -casos graves – son 2 mil 300 lo que se enmarca en el parámetro fijado de entre mil y 2 mil internados, además de que hay una incidencia de 585 casos de infección por cada 100 mil habitantes.

Lo anterior no es algo gratuito ni espontáneo sino el resultado de la aplicación del gobierno en el tema de la inmunización pues ya se alcanzó la taza superior al 70 por ciento de vacunados lo que, según los científicos, da paso a la tan esperada inmunidad gregaria o ‘de rebaño’. De los 67 millones 400 mil franceses, 52 millones 300 mil ya tienen el esquema completo de vacunación lo que significa el 77 por ciento de la población. Así, la inyección abrió el grifo de la libertad.

Además de Francia, en Dinamarca, Finlandia, Noruega y Gran Bretaña también se ha suspendido el uso obligatorio de la mascarilla aunque se sigue exigiendo la vacunación. Son los primeros países europeos que dan el siguiente paso a la tan masticada “nueva normalidad”.

Pero Europa le hace los mandados a México pues mientras en el viejo continente van paso a paso, cumpliendo metas para proteger a la población de la pandemia, allá hace tiempo que se superó la peste, se domó la curva y se recuperó la normalidad por decreto del gobierno lopezobradorista. Aunque continúe habiendo infectados y muertos, estos ya no se cuentan ni tampoco importan. ¿Y en vacunas? El 61 por ciento de los 128.9  millones de mexicanos – 78.6 millones- han recibido el esquema completo, muy lejos de la ‘inmunidad de rebaño’ aunque las ovejas ya andan fuera del redil y de fiesta por doquier.