Uriel Flores Aguayo
Las guerras en curso y los miles de actos violentos de todo tipo nos muestran un mundo complejo, donde se cruza cotidianamente un ambiente de paz con otro de violencia, según las zonas y coyunturas. México, no es la excepción. Venimos de una historia marcada por violencia extrema, desde las civilizaciones originales y su conquista, el dominio colonial, las revoluciones y el Estado autoritario, pasando por el control de grupos delincuenciales, las crisis interfamiliares y la cadena de poder desde el machismo. Vivimos rodeados de un grado importante de violencia, de la criminal y la de la convivencia social. Es descorazonador observar que cada vez más jóvenes se ven involucrados en hechos violentos, que se atenta contra niños y se repiten a ritmo rápido los casos de feminicidios. Parece juego cuando se ven a niñas de secundaria o prepa golpearse en la calle mientras sus “ amigos “ las graban y azuzan. Incluso hay madres de familia que creen que gritar y dar golpes es normal en la crianza de sus hijos. Hay tanta violencia que preferimos desviar la mirada, hacer que no pasa nada ; tanta, que se normaliza. Las policías, cuando no son profesionales, aportan su cuota de violentación a la ciudadanía.
En ese contexto hay mucho por hacer en la educación de la niñez y la juventud, preparando mejor al personal docente y disponiendo de suficientes recursos económicos e institucionales. Es la gran tarea del siglo. Por ahí pasa la necesidad y aspiración de vivir en paz. Ante esa dolorosa realidad resulta nociva la fácil tendencia de los políticos a utilizar discursos violentos y de odio confirmado su lejanía de la realidad y los problemas concretos de la gente. No son todos afortunadamente, pero si de los más visibles. Hay muchos politicos que polarizan e insultan, que no argumentan. Lo hacen por estrategia o por ignorancia. Están mal. No deberíamos hacerles caso ni darles público. Al contrario, hay que aplicarles una sanción social dándoles la espalda en la vida diaria y en las elecciones. Es muy importante la labor de los Gobiernos como para dejarla en manos de violentos. Se debe ser exigente con los políticos en general, pero todavía más con los demagogos e histrionicos que utilizan discursos de odio para ganar audiencia y votos; ellos escalan para su interés personal mientras dan mal ejemplo a la sociedad. Para ellos el fin justifica los medios, para nosotros no. La contención del momento y la disminución al mínimo de la violencia es tarea del Estado. La sociedad debe involucrarse para garantizar un ambiente sano, sin drogas, y de paz para nuestras niñez y juventud.
Recadito: quien irá a cerrar la puerta en el PRI ?…