Apuntes de economía

Leer para crecer: los hábitos de lectura de veracruzanos y mexicanos

Por: Edgar Sandoval Pérez

@EdgarSandovalP

Un pueblo que no lee, difícilmente puede sostener su desarrollo

La 36ª edición de la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil abrió sus puertas este viernes en el Colegio Preparatorio de Xalapa, con 74 expositores, 75 talleres y alrededor de 325 fondos editoriales, del 24 de julio al 2 de agosto. Es una buena excusa para revisar un dato que casi siempre se discute en clave cultural, pero rara vez en clave económica: cuánto, qué y cómo leemos los mexicanos, y qué tanto nos cuesta -en desarrollo perdido- no leer más.

De acuerdo con el Módulo sobre Lectura (MOLEC) del INEGI, en 2024 el 69.6% de la población alfabeta de 18 años y más en zonas urbanas declaró haber leído al menos un material de lectura, cifra que cae de forma sostenida desde el 84.2% de 2015, es decir, 14.6 puntos menos en una década. La población lectora de libros leyó, en promedio, 3.2 ejemplares al año -contra 3.6 en 2015- y le dedicó apenas 41 minutos por sesión. Para 2025, el INEGI amplió el módulo a la población de 12 años y más, con lo que 62.5% de la población alfabeta leyó libros y el tiempo acumulado de lectura subió a 59 minutos diarios. El cambio metodológico impide comparar directamente ambos años, pero deja algo claro: seguimos leyendo poco, y por poco tiempo.

¿Y qué leemos? El propio MOLEC señala que el entretenimiento es el motivo principal de lectura, con 41.4%, seguido de trabajo o estudio, con 23.4%, y cultura general, con 23.2%. Los libros encabezan la preferencia de materiales, seguidos de internet, revistas, periódicos e historietas. En las listas de libros más leídos en español durante 2025 conviven títulos de desarrollo personal, como «Te vas a morir y todavía no has empezado a vivir», de Uli Moreno Montana, con clásicos que no envejecen, como «El Principito» o la obra de Gabriel García Márquez, mientras la ficción juvenil traducida -Colleen Hoover, Rebecca Yarros, Matt Haig- domina las vitrinas. Es un mapa que mezcla evasión, superación y algo de clasicismo, pero deja ver un vacío: la lectura que construye pensamiento crítico sigue siendo minoritaria.

Aquí el tema deja de ser sólo cultural. La literatura económica sobre capital humano y crecimiento -desde los trabajos clásicos de Robert Barro hasta las revisiones empíricas más recientes- coincide en que la educación, y particularmente las competencias lectoras, tienen un efecto positivo y significativo sobre el crecimiento del producto per cápita. No es casualidad retórica: leer con comprensión es la base de habilidades más complejas, desde resolver problemas hasta adaptarse a nuevas tecnologías. Un país que aumenta sus horas de lectura invierte en productividad futura, aunque el retorno no se vea en el próximo trimestre del PIB, sino en el capital humano que llegará al mercado laboral dentro de una década.

Ese horizonte de una década es el que se juega en ferias como la que hoy se inaugura en Xalapa. El hábito lector no nace en la adultez: se siembra en la infancia, con libros al alcance, adultos que leen enfrente de los niños y espacios -escuela, casa, biblioteca, feria- que normalizan la lectura como algo cotidiano. Que la 36ª Feria dedique su eje temático a Francisco Gabilondo Soler, Cri-Cri, el Grillito Cantor, y que las autoridades culturales la planteen como parte de una estrategia para «construir un Veracruz de lectores», no es un detalle menor: es una apuesta de política pública con implicaciones económicas, aunque se presente con el lenguaje de la cultura.

La discusión sobre crecimiento en México suele concentrarse en variables más visibles -inversión, infraestructura, comercio exterior, gasto social-, con razón, porque mueven el corto plazo. Pero el hábito lector pertenece a esas inversiones silenciosas cuyo rendimiento tarda en manifestarse y, por eso mismo, se posterga en la agenda pública. Invertir en fomento a la lectura infantil y juvenil no compite con la inversión en infraestructura o pensiones: la complementa, porque construye el capital humano que hará rendir esa infraestructura en el futuro. Si queremos que México, y Veracruz en particular, crezcan de forma sostenida, el tiempo que dedicamos a leer -y el que dedicamos a que nuestros niños lean- debería seguirse con la misma atención que el tipo de cambio o la tasa de interés.