GRITOS EN EL RESTAURANTE

Uriel Flores Aguayo

Me va a “ matar “ una de mis mayores amigas, la más culta, que tiene la opinión contraria, pero debo decirlo porque esa es mi forma de pensar, es convicción. No estoy de acuerdo con que se grite a quien sea en un restaurante o en otro lugar público. Nadie tiene derecho a hacerlo. Pudiera haber algún asunto personal que lo explique, pero ni así es correcto. En el caso de lo sucedido a Arturo López Obrador, a quien no veo desde hace al menos veinte años, los alcances han sido gigantescos . Mucho tiene que ver que sea el hermano de AMLO, por supuesto; es noticia que vuela fácilmente y se vuelve viral. Pienso que no es procedente gritarle aludiendo a su hermano y a Morena, ya que no tuvo ni tiene cargo en el gobierno federal y tampoco es dirigente de ese partido. Nadie debe ser cuestionado por ser parte de una familia, la que sea. Lo que hagan los familiares es su responsabilidad. En términos mediáticos todo se empaqueta y generaliza, y de las expresiones de los ocupantes de una mesa se pasa a la afirmación errónea de que fueron más los que “ echaron “ a ALO del restaurante, dando la impresión de un repudio amplio. Estamos ante un caso de violencia verbal y de eso estamos saturados, viviendo en un contexto de mucha violencia de todo tipo; no debe aplaudirse. No es difícil pensar que un hecho similar se puede llegar a presentar en sentido contrario, es decir , que alguien decida vociferar contra los miembros reales o supuestos de otros partidos, que pueden ser PAN , PRI o MC. No es sano que se intenten justificar esas conductas, al contrario, deberían suscitar rechazo. La vida pública debe ser alimentada con diálogo, deliberación, debate, datos y argumentos. Cada quien puede pensar como quiera, militar o no en el partido de su preferencia, pero ser muy estricto en el respeto a los otros, a los que piensen distinto. En esencia es la construcción y defensa de la tolerancia en el contexto de la pluralidad realmente existente. Por esas razones no me simpatizan las conductas viscerales, los gritos ni acciones irracionales. Si la idea es ejercer libertad de expresión, asumir ciudadanía y hacer crítica política, son otros los espacios y los momentos; no los lugares de convivencia común, a donde se va a pasar un buen rato. Por si mis palabras despiertan especulaciones torcidas debo decir que la última ocasión que vi al ciudadano Arturo López Obrador, fue un día después de las elecciones presidenciales del 2006, en malos términos y con la presencia, entre otros, de la maestra Gloria Sánchez. No hay nada oscuro atrás de mi postura, es una convicción personal que digo libremente apelando a que combatamos los discursos de odio de los que estamos rodeados.
Recadito: hacen falta más acciones en Xalapa, de Tránsito y Transporte.