TEXTO IRREVERENTE

ANDRÉS TIMOTEO

EL SEÑOR DE LAS MORGUES

Que lejanas y huecas suenan aquellas palabras del primero de diciembre del 2018. “Abriguemos la esperanza de que los vamos a buscar hasta encontrarlos”, les dijo a las madres de miles de desaparecidos. “Son sus tesoros que ahora no están con ustedes y eso me duele”, refrendo. Es más, prometió que él no sería como sus antecesores que ignoraron la tragedia: “Quisieron esconder, en sus rincones burocráticos de supuesta justicia, retardada y torpe, acontecimientos que lastimaban a miles de familias”, les recriminó.

Sí, se trata de las palabras de Cuitláhuac García Jiménez pronunciadas cuando asumió la gubernatura, durante el primer acto oficial que fue anunciar el “Programa Emergente por Crisis de Violaciones de Derechos Humanos en Materia de Desaparición de Personas en Veracruz”, así de largo y pomposo el nombre, tan extenso como falso. Esas palabras las resecó el tiempo y a tres años y cinco meses de haberlas pronunciado son más que escasos los “tesoros” localizados.

Los que han sido encontrados, la mayoría enterrados en fosas clandestinas, no fueron hallados por las instancias oficiales de búsqueda o de procuración de justicia sino por los familiares que se organizaron en colectivos para explorar con sus propios recursos los parajes donde había rumores de que fueron ocupados como cementerios ilegales. Por supuesto que la emergencia humanitaria tampoco ha acabado, al contrario se elevó a cifras escalofriantes.

A finales del 2018 se hablaba de 5 mil personas desaparecidas en Veracruz, ahora, a más de tres años, la cifra sería de 12 mil, más del doble. De las 600 fosas clandestinas halladas hasta el 2018 hoy son más de 800. Alguien podría alegar que si se encontraron más entierros clandestinos es porque sí se están buscando y localizando a quienes están sepultados allí. Pero el argumento es engañoso porque los que han ubicado esos lugares son los familiares de los desaparecidos, no las autoridades.

Y los buscadores han enfrentado toda clase de barreras impuestas desde el gobierno estatal a fin de evitar que exploren los terrenos señalados y saquen los restos humanos. Ejemplo nítido de eso son las fosas de Campo Grande en Ixtaczoquitlán, en la zona centro, donde se han extraído 51 cadáveres, y ese es un logro del Colectivo  de Familias de Desaparecidos en la Zona Córdoba-Orizaba, organización despreciada y atacada por la administración cuitlahuista pues no se dejó manipular con fines partidistas.

Los activistas han resistido todo tipo de embates para que desistan de la búsqueda y no han soltado el predio. Ya los balearon, ya la Fiscalía les retiró en dos ocasiones el personal forense, ya les quitaron varias veces el resguardo policíaco y los excluyeron de las reuniones con el mandatario, pero no han abandonado la búsqueda.

Retornando a la idea al hilo inicial, a más de tres años de aquel compromiso con los familiares de los desaparecidos lo único que Cuitláhuac García ha hecho es abrir más morgues y cementerios -esos sí oficiales -. En octubre del año pasado inauguró  el Centro de Servicios Forenses de Nogales y anunció la construcción de un “cementerio ministerial” para 210 cuerpos sin identificar, y ayer en Córdoba puso en marcha la ampliación a las instalaciones del Centro Regional de Medicina Forense.

Este, según se dijo tendrá capacidad para 48 ‘charolas’ para los cadáveres y un “cuarto frio” con capacidad para 296 cuerpos. Todos, se deduce, de personas sin vida que lleguen ahí y que no sean reclamadas o identificadas para entregarlas a sus deudos. Vaya, si el tema no fuera tan tétrico y trágico para Veracruz hasta serviría para el humor negro sobre el quehacer de Cuitláhuac García a favor de los desaparecidos y las demás víctimas de la violencia.

García Jiménez es el señor de las morgues, los panteones y los frigoríficos, su gestión de la crisis humanitaria por los desaparecidos no le apuesta a la vida sino a la muerte. Lidera un gobierno necrotófico, que se nutre de los muertos. A los desaparecidos no los busca y si llegan a aparecer entonces les tiene listas las ‘charolas’ de la morgue y las tumbas ministeriales. Es el máster del Hades.

¿Y en estos más de tres años qué ha hecho Cuitláhuac García con los responsables de las desapariciones forzadas en Veracruz? Los sacó de la cárcel, les canceló los procesos judiciales y a algunos hasta los tiene de asesores externos de su administración. Dos casos son emblemáticos de ese pacto con los desaparecedores de gente: Arturo Bermúdez Zurita, exsecretario de Seguridad Pública y Luis Ángel Bravo Contreras, exfiscal general, ambos del duartismo. Cierto, García Jiménez prefiere consentir a los genocidas que castigarles por lo que les hicieron a las víctimas.

LA PRENSA Y EL MENDAZ

Ayer en la zona centro, el gobernante en turno volvió a culpar al pasado por todo lo que no ha hecho en el presente. Dijo que sus predecesores desatendieron a los desaparecidos y fue más allá al acusar a la prensa de haber callado ante la tragedia. Por supuesto que eso es falso y la hemeroteca le tumba la engañifa porque desde hace años hay compañeros que han dedicado su tiempo y sus espacios a documentar los casos de desapariciones forzadas y a darles voz a las víctimas, especialmente a los colectivos de buscadores.

Ahí está el diario digital BlogExpediente del maestro Luis Velázquez que desde siempre ha tenido una sección llamada “Veracruz, sucursal del infierno: Historias de desaparecidos” o la agencia Testigo Púrpura de la periodista Ana Alicia Osorio y otros colegas que han cronicado la tragedia humanitaria minuciosamente como Guadalupe López, Norma Trujillo, Lourdes López, Isabel Zamudio, Eirinet Gómez, Verónica Huerta, Lissette Hernández, Sandra Segura, Williams Cortés, Ignacio Carvajal, Rodrigo Barranco, Mussio Cárdenas, Rodrigo Soberanes, Miguel Ángel Carmona, Sergio Hernández, Félix Marquez y Oscar Martínez, por citar algunos.

Ya no se diga de aquellos que pagaron con su vida  hacer periodismo de denuncia como Regina Martínez o María Elena Ferral. En el pasado, dice el mendaz, los periodistas “eran cómplices y nadie le llamó la atención a mi antecesor, ni al anterior”. El tipo no lee o no leía, imagina que el periodismo crítico comenzó a hacerse a partir de su arribo al cargo. Miente como respira y lo hace porque no tiene acciones que honren su compromiso con las víctimas.