ANDRÉS TIMOTEO
LAS MUCHAS Y LOS POCOS
Son muy chuchas y muy luchonas. Si les llueve, permanecen bajo el agua. Si les ponen vallas, las saltan o las transforman en murales de protesta. Si las ofenden, resisten la andanada. Si hay que excavar la tierra, se hacen con picos y palas. Si deben caminar enormes distancias, nadie las detiene. Si les avientan granadas de gases, las recogen y las devuelven con la misma fuerza. Si hay que ponerse en huelga de hambre, no dudan en arriesgar su salud. Y si hay que reclamarle al macho alfa que despacha en palacio nacional su misoginia y falta de palabra, lo hacen y a gritos.
La resistencia en México tiene cara de mujer y sobre todo de madre. Más que los partidos y líderes de oposición, los periodistas críticos, los empresarios enemigos o los académicos que indagan y documentan, las mujeres son la verdadera oposición frente al poder. A las feministas, las madres de los niños con cáncer, las reporteras, las buscadoras de los desparecidos, las centroamericanas que marchan en caravanas, las científicas, las estudiantes, las defensoras de la diversidad sexual y el derecho a decidir sobre sus cuerpos, y en general toda mujer que no sea sumisa y obediente, las alucina y desprecia el presidente Andrés Manuel López Obrador.
El tabasqueño no quiere a las activistas ni a las pensantes ni a las actuantes. Él prefiere a las súbditas a ciegas como Claudia Sheinbaum, Layda Sansores, Olga Sánchez Cordero, Rocío Nahle, Citlalli Hernández, Bertha Lujan y demás que se pliegan y acatan la voluntad patriarcal aún cuando ésta vaya en contra de su propio género y su propia dignidad.
Las mujeres y principalmente las madres que no aceptan los maltratos ni el sometimiento del caudillo y que rechazan el papel de meras adelitas decorativas, están dando una lección a las generaciones del presente. Ayer fue Día de la Madre y muchas de ellas ocuparon la fecha, como lo hacen de unos años al presente, en marchar para hacerse oír, en realizar plantones para hacerse sentir y en emitir mensajes para sus desaparecidos: no los van a dejar de buscar y no van a parar hasta encontrarlos.
Digamos que -más que otros años- fue en México el Día de la Madre Buscadora. Tanto en la capital del país como en varias ciudades de provincia las mujeres ocuparon las calles para mostrar su dolor, pero también su decisión de no dejar las cosas como están. Ya vendrán otros años y otros 10 de mayos en los que puedan festejar, ahora están en pie de lucha porque los suyos y las suyas las necesitan. Ellas, las madres indómitas, son muy necesarias en estos tiempos de conservadores disfrazados de izquierdistas, de populistas vestidos de liberales y de misóginos barnizados de falso progresismo.
“Dichosa mujer/ la que sabe ser fiel / al quehacer de implantar / la justicia y la paz. / Bendita será/ la mujer que hace opción/ por la causa de Dios/ por la ley del amor”, dice un canto de aquellas incipientes luchas feministas del siglo pasado en Latinoamérica cuando uno de los espacios primigenios de expresión para las mujeres estaba en el culto.
Efectivamente, como esa composición, la palabra de las mujeres-madres es una espada de dos filos porque reclama, acusa y exhibe, pero a la vez da esperanza y abre camino para que el futuro no sea tan doloroso y no se repitan las atrocidades del presente y del pasado. Para que se recomponga el mundo, para que sane la sociedad, pues.
Hay una estrofa en ese canto que encaja al dedillo con el contexto político que México registra con los populistas totalitarios montados en el poder: “Harás justicia a todas las mujeres/ que firmes no cayeron ante el yugo/ nos das la libertad y reivindicas / ¡oh Dios!, tu semejanza originaria./ Al mal pastor que causa tanto daño, /al gobernante infiel que vende al pueblo, / a todo quien oprime tu destruyes/ sin piedad del poder tu lo derrumbas”. -No le va gustar a ya saben quien -.
Felicidades -con un día de retraso, pero con la misma admiración – a todas las madres mexicanas, y las veracruzanas, que no se doblegan ante el destino por más que éste sea aciago ni se arredran ante los violentos, los gritones, los misóginos, los agresores, los desaparecedores, los machistas, los controladores, los abusivos, los poderosos y los asesinos genocidas. Y sí, en México hay muchas madres y poco presidente, y más poco gobernador.
EL DESINFLADO
Hay quienes se preguntan: ¿qué le pasa al hidalguense Ricardo Ahued? A diferencia de su primer periodo como alcalde de Jalapa (2005-2007), ahora lleva casi cinco meses improvisando, gobernando con ocurrencias y actuando de forma reactiva ante el desastre heredado y los problemas que se van suscitando. El ‘Superman’ que pintaban sus melosos biógrafos, entre ellos varios periodistas, simplemente no vuela ni soluciona.
Resulta que el edil apenas se enteró que había corrupción en la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento (CMAS), ‘aviadores’ en el ayuntamiento y deudas casi impagables. ¿Acaso no lo sabía antes o se hace el ingenuo? Si llegan ciudadanos a protestar, dice que tiene puertas abiertas que no hay necesidad que le griten -risas – y si aparece el problema de los entierros clandestinos en el cementerio de Palo Verde, promete que va a presionar a la Fiscalía General para que exhume a los que son reclamados por los buscadores.
Pura reacción sobre las rodillas. No tiene plan municipal serio para la capital. Es más, la última ocurrencia es de populismo barato: regalar un automóvil clásico de su colección para que los padres de niños con cáncer lo rifen y puedan comprar medicamentos. ¿Por qué mejor no destina una partida municipal permanente para eso?, y ¿por qué no acompaña a los padres en sus reclamos y gestiones ante la Secretaría de Salud? Porque eso lo llevaría a confrontarse con sus padrones.
Ahued está desinflado. Jalapa sigue en el retraso y el cochinero. No tiene gran cosa que reportar en estos meses de administración más que recurrir a compromisos verbales como cuando andaba en campaña. Y ríanse: aún con eso sus apologistas mediáticos insisten en ponerlo en la lista de candidatos al gobierno estatal a pesar que ni siquiera puede con el de la aldea. Es más algunos de sus coristas hasta exigen que ya se modifique la constitución veracruzana para que un hidalguense pueda ser candidato a la gubernatura. ¡Uff!