EL CALENDARIO DE MARIO

Uriel Flores Aguayo

La declaración del Titular de la SEP, para modificar el calendario escolar, sacudió la vida pública de México. No es para menos. Además de lo sorpresivo se aducieron causas extremadamente endebles. El debate fue amplio e intenso, por la importancia del tema. El anuncio duró cuatro días. Su fragilidad, sin consenso, no resistió mucho tiempo. El debate ha sido oportuno, actualiza visiones y problemas en la educación; despertó interés y aportó importantes argumentos. También propuestas.
Un calendario en general tiene un sentido organizador del tiempo, fija días específicos y fechas concretas. Hay diversos calendarios, ejemplos: litúrgico, fiscal, deportivos, de festejos, de familias, escolar, etc.. Este último tiene una influencia mayor en la organización de la sociedad, impacta a millones de familias con su niñez y juventud, pues establece días de clases, vacaciones, días festivos y suspensiones durante el ciclo escolar. De su cumplimiento depende el aprovechamiento escolar y la organización de la sociedad para efectos de recesos y acompañamiento al alumnado. El calendario escolar es un documento tan formal que no se puede tocar a la ligera; ya vimos lo que ocurre cuando no se le toma con seriedad. En el caso que nos ocupan, el calendario de Mario, el problema estuvo en pretender hacerle modificaciones sobre la marcha; eso es incorrecto. Tuvieron el tiempo suficiente para prever las condiciones del clima y el mundial de futbol. Debieron tomar medidas antes de establecer el calendario 25-26. No lo hicieron y ya no lo podrán hacer. Este intento y paso en falso cuestiona la seriedad con que se conduce la educación en nuestro país. Los “ argumentos” del Secretario parecen demasiado frágiles y elusivos. Habla de asuntos de interés dando a entender que es observador de la educación, y no el titular de la Secretaría respectiva.
Si algo hay que lamentar es el manejo oficial de un tema tan delicado, sus vacilaciones y abusos; si algo hay que celebrar es la vitalidad mostrada por la ciudadanía y los organismos de expertos en educación. Ya que se abrió el debate sobre el estado de la educación en Mexico, hay que aprovecharlo para involucrar al magisterio y a los padres de familia en los grandes temas del sistema educativo.
Recadito: flaca , flaca la caballada xalapeña.